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El Turco (el autómata de ajedrez)

El Turco (el autómata de ajedrez)

El invento más famoso de Wolfgang von Kempelen.

Tecnología

Palabras clave

Wolfgang von Kempelen, autómata de ajedrez, máquina de ajedrez, játékgép, ajedrez, partida de ajedrez, turco, tecnología

Extras relacionados

Escenas

Autómata de ajedrez

Von Kempelen anunció a la emperatriz María Teresa I de Austria el 16 de abril de 1770 que había terminado la máquina. La emperatriz inmediatamente le hizo venir al Palacio de Schönbrunn de Viena. Algunos días después presentó su maravillosa máquina a la corte en el Palacio de Hofburg. La sala estaba llena de magnates húngaros, nobles checos y austríacos y embajadores extranjeros que esperaban la presentación con excitación. En breve aparecieron Von Kempelen y sus dos asistentes con un pequeño mueble de ruedas.
˝¡Mirad, un pachá turco!˝, exclamó alguien. Sentado detrás del mueble se podía ver un turco vestido con caftán dorado y turbante y con una larga pipa en la mano.
˝Mi pachá dorado es el hombre máquina˝, dijo Kempelen, ˝se lo demostraré˝.
˝Aquí tienen un mueble y sobre él, un tablero de ajedrez.
Voy a abrir el mueble para que ustedes vean que no hay nadie dentro.˝
Von Kempelen sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió la puerta del mueble de madera. En el interior había ruedas dentadas de latón, mangos de hierro, resortes, poleas y un mecanismo entero de relojería. Sobre el mueble se encontraba el tablero.
Luego el inventor abrió otro compartimento que contenía una maquinaria incluso más compleja. Se podía ver un cilindro entre los engranajes y vigas de hierro. Von Kempelen abrió también los dos cajones, para demostrar que nadie se escondía allí y los dejó expresamente abiertos.
˝¡Tal vez dentro del pachá!˝, exclamó un conde y famoso jugador de ajedrez. Von Kempelen mandó a sus asistentes que le dieran la vuelta al turco. Elevó su caftán y mostró su cuerpo. En lugar de columna vertebral había finos engranajes, delgadas barras de acero y poleas.
˝Aquí está mi hombre máquina. ¿Quién se atreve a jugar con él?˝
Un joven de aspecto inteligente se ofreció voluntario, se trataba del conde Cobenzl. Kempelen le dio cuerda a la máquina con una manivela lateral de la cabina y se apartó. El turco alzó la mano lentamente y movió una figura en el tablero. El conde Cobenzl, el mejor jugador de ajedrez de Viena, miró alrededor con arrogancia y puso una de sus torres en una casilla negra.
Entonces la máquina comenzó a zumbar y el turco contraatacó atrevidamente. El conde se dio cuenta de su error, intentó deshacer su último movimiento y hacer trampa.
Sin embargo, el turco notó el engaño, lanzó un gruñido y el conde se asustó. ˝No está permitido deshacer los movimientos˝, dijo Kempelen.
El hombre mecánico jugó magníficamente y la expectación llegó a su punto álgido.
˝¿Pero esto qué es? ¿Se trata de un milagro? ¿Cómo lo ha creado? ¿Esto quiere decir que ahora ya todo es posible?˝, preguntó el público.
˝¡Jaque mate!˝, exclamó alguien del público.
El conde Cobenzl se puso pálido y soltó una sonrisa forzada. Había sido vencido por un hombre mecánico.
Von Kempelen miró con orgullo al público que parecía a un enjambre agitado.

(Una novela húngara del autor Rezső Szalatnai)

Animación

Von Kempelen anunció a la emperatriz María Teresa I de Austria el 16 de abril de 1770 que había terminado la máquina. La emperatriz inmediatamente le hizo venir al Palacio de Schönbrunn de Viena. Algunos días después presentó su maravillosa máquina a la corte en el Palacio de Hofburg. La sala estaba llena de magnates húngaros, nobles checos y austríacos y embajadores extranjeros que esperaban la presentación con excitación. En breve aparecieron Von Kempelen y sus dos asistentes con un pequeño mueble de ruedas.
˝¡Mirad, un pachá turco!˝, exclamó alguien. Sentado detrás del mueble se podía ver un turco vestido con caftán dorado y turbante y con una larga pipa en la mano.
˝Mi pachá dorado es el hombre máquina˝, dijo Kempelen, ˝se lo demostraré˝.
˝Aquí tienen un mueble y sobre él, un tablero de ajedrez.
Voy a abrir el mueble para que ustedes vean que no hay nadie dentro.˝
Von Kempelen sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió la puerta del mueble de madera. En el interior había ruedas dentadas de latón, mangos de hierro, resortes, poleas y un mecanismo entero de relojería. Sobre el mueble se encontraba el tablero.
Luego el inventor abrió otro compartimento que contenía una maquinaria incluso más compleja. Se podía ver un cilindro entre los engranajes y vigas de hierro. Von Kempelen abrió también los dos cajones, para demostrar que nadie se escondía allí y los dejó expresamente abiertos.
˝¡Tal vez dentro del pachá!˝, exclamó un conde y famoso jugador de ajedrez. Von Kempelen mandó a sus asistentes que le dieran la vuelta al turco. Elevó su caftán y mostró su cuerpo. En lugar de columna vertebral había finos engranajes, delgadas barras de acero y poleas.
˝Aquí está mi hombre máquina. ¿Quién se atreve a jugar con él?˝
Un joven de aspecto inteligente se ofreció voluntario, se trataba del conde Cobenzl. Kempelen le dio cuerda a la máquina con una manivela lateral de la cabina y se apartó. El turco alzó la mano lentamente y movió una figura en el tablero. El conde Cobenzl, el mejor jugador de ajedrez de Viena, miró alrededor con arrogancia y puso una de sus torres en una casilla negra.
Entonces la máquina comenzó a zumbar y el turco contraatacó atrevidamente. El conde se dio cuenta de su error, intentó deshacer su último movimiento y hacer trampa.
Sin embargo, el turco notó el engaño, lanzó un gruñido y el conde se asustó. ˝No está permitido deshacer los movimientos˝, dijo Kempelen.
El hombre mecánico jugó magníficamente y la expectación llegó a su punto álgido.
˝¿Pero esto qué es? ¿Se trata de un milagro? ¿Cómo lo ha creado? ¿Esto quiere decir que ahora ya todo es posible?˝, preguntó el público.
˝¡Jaque mate!˝, exclamó alguien del público.
El conde Cobenzl se puso pálido y soltó una sonrisa forzada. Había sido vencido por un hombre mecánico.
Von Kempelen miró con orgullo al público que parecía a un enjambre agitado.

(Una novela húngara del autor Rezső Szalatnai)

En el interior

Von Kempelen anunció a la emperatriz María Teresa I de Austria el 16 de abril de 1770 que había terminado la máquina. La emperatriz inmediatamente le hizo venir al Palacio de Schönbrunn de Viena. Algunos días después presentó su maravillosa máquina a la corte en el Palacio de Hofburg. La sala estaba llena de magnates húngaros, nobles checos y austríacos y embajadores extranjeros que esperaban la presentación con excitación. En breve aparecieron Von Kempelen y sus dos asistentes con un pequeño mueble de ruedas.
˝¡Mirad, un pachá turco!˝, exclamó alguien. Sentado detrás del mueble se podía ver un turco vestido con caftán dorado y turbante y con una larga pipa en la mano.
˝Mi pachá dorado es el hombre máquina˝, dijo Kempelen, ˝se lo demostraré˝.
˝Aquí tienen un mueble y sobre él, un tablero de ajedrez.
Voy a abrir el mueble para que ustedes vean que no hay nadie dentro.˝
Von Kempelen sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió la puerta del mueble de madera. En el interior había ruedas dentadas de latón, mangos de hierro, resortes, poleas y un mecanismo entero de relojería. Sobre el mueble se encontraba el tablero.
Luego el inventor abrió otro compartimento que contenía una maquinaria incluso más compleja. Se podía ver un cilindro entre los engranajes y vigas de hierro. Von Kempelen abrió también los dos cajones, para demostrar que nadie se escondía allí y los dejó expresamente abiertos.
˝¡Tal vez dentro del pachá!˝, exclamó un conde y famoso jugador de ajedrez. Von Kempelen mandó a sus asistentes que le dieran la vuelta al turco. Elevó su caftán y mostró su cuerpo. En lugar de columna vertebral había finos engranajes, delgadas barras de acero y poleas.
˝Aquí está mi hombre máquina. ¿Quién se atreve a jugar con él?˝
Un joven de aspecto inteligente se ofreció voluntario, se trataba del conde Cobenzl. Kempelen le dio cuerda a la máquina con una manivela lateral de la cabina y se apartó. El turco alzó la mano lentamente y movió una figura en el tablero. El conde Cobenzl, el mejor jugador de ajedrez de Viena, miró alrededor con arrogancia y puso una de sus torres en una casilla negra.
Entonces la máquina comenzó a zumbar y el turco contraatacó atrevidamente. El conde se dio cuenta de su error, intentó deshacer su último movimiento y hacer trampa.
Sin embargo, el turco notó el engaño, lanzó un gruñido y el conde se asustó. ˝No está permitido deshacer los movimientos˝, dijo Kempelen.
El hombre mecánico jugó magníficamente y la expectación llegó a su punto álgido.
˝¿Pero esto qué es? ¿Se trata de un milagro? ¿Cómo lo ha creado? ¿Esto quiere decir que ahora ya todo es posible?˝, preguntó el público.
˝¡Jaque mate!˝, exclamó alguien del público.
El conde Cobenzl se puso pálido y soltó una sonrisa forzada. Había sido vencido por un hombre mecánico.
Von Kempelen miró con orgullo al público que parecía a un enjambre agitado.

(Una novela húngara del autor Rezső Szalatnai)

¿Cómo funcionaba?

Von Kempelen anunció a la emperatriz María Teresa I de Austria el 16 de abril de 1770 que había terminado la máquina. La emperatriz inmediatamente le hizo venir al Palacio de Schönbrunn de Viena. Algunos días después presentó su maravillosa máquina a la corte en el Palacio de Hofburg. La sala estaba llena de magnates húngaros, nobles checos y austríacos y embajadores extranjeros que esperaban la presentación con excitación. En breve aparecieron Von Kempelen y sus dos asistentes con un pequeño mueble de ruedas.
˝¡Mirad, un pachá turco!˝, exclamó alguien. Sentado detrás del mueble se podía ver un turco vestido con caftán dorado y turbante y con una larga pipa en la mano.
˝Mi pachá dorado es el hombre máquina˝, dijo Kempelen, ˝se lo demostraré˝.
˝Aquí tienen un mueble y sobre él, un tablero de ajedrez.
Voy a abrir el mueble para que ustedes vean que no hay nadie dentro.˝
Von Kempelen sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió la puerta del mueble de madera. En el interior había ruedas dentadas de latón, mangos de hierro, resortes, poleas y un mecanismo entero de relojería. Sobre el mueble se encontraba el tablero.
Luego el inventor abrió otro compartimento que contenía una maquinaria incluso más compleja. Se podía ver un cilindro entre los engranajes y vigas de hierro. Von Kempelen abrió también los dos cajones, para demostrar que nadie se escondía allí y los dejó expresamente abiertos.
˝¡Tal vez dentro del pachá!˝, exclamó un conde y famoso jugador de ajedrez. Von Kempelen mandó a sus asistentes que le dieran la vuelta al turco. Elevó su caftán y mostró su cuerpo. En lugar de columna vertebral había finos engranajes, delgadas barras de acero y poleas.
˝Aquí está mi hombre máquina. ¿Quién se atreve a jugar con él?˝
Un joven de aspecto inteligente se ofreció voluntario, se trataba del conde Cobenzl. Kempelen le dio cuerda a la máquina con una manivela lateral de la cabina y se apartó. El turco alzó la mano lentamente y movió una figura en el tablero. El conde Cobenzl, el mejor jugador de ajedrez de Viena, miró alrededor con arrogancia y puso una de sus torres en una casilla negra.
Entonces la máquina comenzó a zumbar y el turco contraatacó atrevidamente. El conde se dio cuenta de su error, intentó deshacer su último movimiento y hacer trampa.
Sin embargo, el turco notó el engaño, lanzó un gruñido y el conde se asustó. ˝No está permitido deshacer los movimientos˝, dijo Kempelen.
El hombre mecánico jugó magníficamente y la expectación llegó a su punto álgido.
˝¿Pero esto qué es? ¿Se trata de un milagro? ¿Cómo lo ha creado? ¿Esto quiere decir que ahora ya todo es posible?˝, preguntó el público.
˝¡Jaque mate!˝, exclamó alguien del público.
El conde Cobenzl se puso pálido y soltó una sonrisa forzada. Había sido vencido por un hombre mecánico.
Von Kempelen miró con orgullo al público que parecía a un enjambre agitado.

(Una novela húngara del autor Rezső Szalatnai)

Narración

Narración

Von Kempelen anunció a la emperatriz María Teresa I de Austria el 16 de abril de 1770 que había terminado la máquina. La emperatriz inmediatamente le hizo venir al Palacio de Schönbrunn de Viena. Algunos días después presentó su maravillosa máquina a la corte en el Palacio de Hofburg. La sala estaba llena de magnates húngaros, nobles checos y austríacos y embajadores extranjeros que esperaban la presentación con excitación. En breve aparecieron Von Kempelen y sus dos asistentes con un pequeño mueble de ruedas.
˝¡Mirad, un pachá turco!˝, exclamó alguien. Sentado detrás del mueble se podía ver un turco vestido con caftán dorado y turbante y con una larga pipa en la mano.
˝Mi pachá dorado es el hombre máquina˝, dijo Kempelen, ˝se lo demostraré˝.
˝Aquí tienen un mueble y sobre él, un tablero de ajedrez.
Voy a abrir el mueble para que ustedes vean que no hay nadie dentro.˝
Von Kempelen sacó una pequeña llave de su bolsillo y abrió la puerta del mueble de madera. En el interior había ruedas dentadas de latón, mangos de hierro, resortes, poleas y un mecanismo entero de relojería. Sobre el mueble se encontraba el tablero.
Luego el inventor abrió otro compartimento que contenía una maquinaria incluso más compleja. Se podía ver un cilindro entre los engranajes y vigas de hierro. Von Kempelen abrió también los dos cajones, para demostrar que nadie se escondía allí y los dejó expresamente abiertos.
˝¡Tal vez dentro del pachá!˝, exclamó un conde y famoso jugador de ajedrez. Von Kempelen mandó a sus asistentes que le dieran la vuelta al turco. Elevó su caftán y mostró su cuerpo. En lugar de columna vertebral había finos engranajes, delgadas barras de acero y poleas.
˝Aquí está mi hombre máquina. ¿Quién se atreve a jugar con él?˝
Un joven de aspecto inteligente se ofreció voluntario, se trataba del conde Cobenzl. Kempelen le dio cuerda a la máquina con una manivela lateral de la cabina y se apartó. El turco alzó la mano lentamente y movió una figura en el tablero. El conde Cobenzl, el mejor jugador de ajedrez de Viena, miró alrededor con arrogancia y puso una de sus torres en una casilla negra.
Entonces la máquina comenzó a zumbar y el turco contraatacó atrevidamente. El conde se dio cuenta de su error, intentó deshacer su último movimiento y hacer trampa.
Sin embargo, el turco notó el engaño, lanzó un gruñido y el conde se asustó. ˝No está permitido deshacer los movimientos˝, dijo Kempelen.
El hombre mecánico jugó magníficamente y la expectación llegó a su punto álgido.
˝¿Pero esto qué es? ¿Se trata de un milagro? ¿Cómo lo ha creado? ¿Esto quiere decir que ahora ya todo es posible?˝, preguntó el público.
˝¡Jaque mate!˝, exclamó alguien del público.
El conde Cobenzl se puso pálido y soltó una sonrisa forzada. Había sido vencido por un hombre mecánico.
Von Kempelen miró con orgullo al público que parecía a un enjambre agitado.

(Una novela húngara del autor Rezső Szalatnai)

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